Robótica Evolutiva
Este
acercamiento aplica los conocimientos obtenidos de las Ciencias Naturales
(biología y etología) y de la Vida Artificial (redes neuronales, técnicas
evolutivas y sistemas dinámicos) sobre robots reales, a fin de que desarrollen
sus propias habilidades en interacción íntima con el entorno y sin la intervención
humana.

Mediante un
diseño fijo, es difícil lograr que un robot se adapte (se auto-organice) a un
entorno dinámico que evoluciona –a menudo– mediante cambios caóticos. De allí
que la robótica evolutiva puede proporcionar una adecuada solución a este
problema, ya que la máquina puede adquirir automáticamente nuevos
comportamientos dependiendo de las situaciones dinámicas que se presentan en el
entorno en donde está situada.
A través de
la utilización de técnicas evolutivas (algoritmos genéticos, programación
genética y estrategia evolutiva), se puede decidir evolucionar el sistema de
control o algunas características del cuerpo del robot (morfología, sensores,
actuadores, etc.) o co-evolucionar ambas.
De igual
manera, se puede decidir evolucionar físicamente el hardware (los circuitos
electrónicos) o el software (los programas o las reglas de control). No
obstante, poco hay hecho sobre hardware evolutivo [Fernández León, 2004] y,
normalmente, lo que se hace es evolucionar primero el controlador en una
simulación por computadora y, sólo después, se lo transfiere a los robots
reales. El controlador del robot consiste típicamente en redes neuronales
artificiales, y la evolución consiste en modificar los pesos de las conexiones
de dicha red.
En la
actualidad, el principal inconveniente del control evolutivo es su lenta
velocidad de convergencia y la considerable cantidad de tiempo que tiene que
pasar para llevar a cabo el proceso evolutivo sobre un robot real [Pratihar,
2003]. Asimismo, no es apropiado para resolver problemas de creciente
complejidad [Fernández León, 2004]

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